NUEVA YORK.- Durante una semana, los terrenos de Macombs Dam Park y otros escenarios de béisbol de la comunidad se convirtieron en el gran escenario de los Juegos de la Comunidad, un acontecimiento organizado por la Fundación Dominicana de Deportes en Nueva York Inc. (FDDNY), con motivo de la celebración del Mes de la Herencia Hispana, en una jornada deportiva que dejó una huella especial entre cientos de niños y jóvenes de 4 a 16 años.
No fue simplemente un torneo de béisbol. Fue una celebración de nuestras raíces, nuestras costumbres y la diversidad de una comunidad que encontró en el deporte un punto de encuentro.
Niños descendientes y procedentes de República Dominicana, México, Puerto Rico, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Colombia, Jamaica, Perú y El Salvador tuvieron la oportunidad de representar a sus equipos y, al mismo tiempo, rendir homenaje a las culturas que llevan en la sangre.
El evento tuvo una especial dedicatoria a dos figuras profundamente vinculadas al deporte y a la comunidad: Mariano Rivera y Christopher Gorayeb, quienes, junto a instituciones y empresas patrocinadoras, respaldaron una iniciativa cuyo principal propósito fue colocar la disciplina y los valores por encima del resultado deportivo.
La competencia fue de muerte súbita. Cada partido podía significar el avance hacia la gloria o el final del camino.
Sin embargo, aún bajo la presión de cada eliminación, prevalecieron el respeto, la disciplina y el orgullo de competir.
Cada jugador salió al terreno dispuesto a defender los colores de su equipo y a representar con dignidad esa bandera que, simbólicamente, late en el corazón de cada participante.
Los padres también jugaron un papel fundamental. Su comportamiento estuvo a la altura de las circunstancias: alentaron, apoyaron y defendieron con entusiasmo a sus hijos y sus respectivos equipos, pero sin dejar de respetar el desarrollo de la competencia.
En las gradas hubo pasión, emoción y nervios, pero también una muestra de convivencia que contribuyó al éxito de la jornada.
Y al final llegaron los seis campeones, aquellos que lograron superar cada obstáculo desde el primer lanzamiento hasta el último out del torneo.

En la categoría de 4-6 años, Bedford Baseball League conquistó el campeonato, convirtiéndose en uno de los primeros equipos en escribir su nombre en la historia de esta edición de los Juegos de la Comunidad.
Para los pequeños peloteros, la copa y las medallas representaron mucho más que un premio: fueron el recuerdo de una experiencia que seguramente permanecerá durante muchos años.

En la división de 7-8 años, Washington Heights Jaybies Sports se proclamó campeón después de una intensa batalla deportiva.
Sus jóvenes integrantes demostraron entusiasmo, disciplina y una enorme ilusión por representar a su comunidad, hasta alcanzar el trofeo que levantaron con orgullo al concluir la competencia.
La Liga Victorino, de la República Dominicana, se llevó la corona en la categoría de 9-10 años, agregando un capítulo especial a la participación dominicana en esta gran fiesta deportiva.

Su recorrido durante el torneo estuvo marcado por la entrega de sus jugadores y el respaldo de una estructura que llegó a Nueva York con la determinación de competir y dejar en alto el nombre de su liga.
En la categoría de 11-12 años, Van Cortlandt Baseball League conquistó el campeonato en una de las finales más esperadas del evento.

Sus jugadores celebraron con enorme emoción el momento en que recibieron las medallas de oro y la copa que habían perseguido desde el inicio de la competencia.
Bedford Baseball League volvió a subir al podio en la categoría de 13-14 años, demostrando la fortaleza de su programa y convirtiéndose en uno de los grandes protagonistas de los Juegos de la Comunidad.

La organización logró colocar dos de sus equipos en la cima del torneo, un logro que refleja el trabajo desarrollado con sus jóvenes peloteros.
Y en la división de 15-16 años, Bedford Baseball League completó una jornada memorable al conquistar también el campeonato.

Tres títulos para una misma organización en categorías diferentes, una actuación que convirtió a Bedford en uno de los nombres destacados de esta edición histórica.
Pero más allá de los seis campeones, hubo una verdad que quedó demostrada sobre el terreno: todos fueron ganadores.
Ganaron los que levantaron el trofeo y también los que quedaron eliminados; ganaron los niños que aprendieron a competir y aquellos que descubrieron que una derrota también forma parte del crecimiento; ganaron los padres que acompañaron a sus hijos y ganaron las comunidades que encontraron en el béisbol una razón más para mantenerse unidas.
Ese es precisamente uno de los grandes propósitos de la FDDNY: colocar la disciplina como uno de los pilares fundamentales de sus actividades.
Una filosofía que, de acuerdo con el espíritu del evento, también identifica a figuras como Mariano Rivera y Bartolo Colón, y que encontró respaldo en Christopher Gorayeb y Gorayeb & Associates, principal patrocinador de esta gran celebración deportiva.
También fueron fundamentales los aportes de SOMOS Community Care, NewYork-Presbyterian Hospital y Kennedy Car Service, instituciones y empresas que se sumaron al esfuerzo para hacer posible un acontecimiento que trascendió los límites de un simple campeonato de béisbol.
La organización estuvo presente en cada detalle. Los terrenos fueron preparados cuidadosamente para recibir a los participantes; los árbitros lucieron uniformes apropiados y estuvieron a la altura de la competencia; las almohadillas y los implementos utilizados respondieron a las exigencias del torneo; las pelotas fueron de calidad y las hojas oficiales de anotación llevaron el sello de la FDDNY. Incluso una revista especial sirvió para dejar constancia de la dimensión del acontecimiento.
Y como corresponde a una gran celebración deportiva, las copas gigantes esperaban a los campeones.
También hubo medallas de oro, plata y bronce para reconocer el esfuerzo de los protagonistas, además de distinciones especiales para managers, asistentes y entrenadores, quienes durante toda la semana tuvieron la responsabilidad de guiar a sus jóvenes jugadores.
Detrás de todo ese montaje estuvo un equipo directivo que trabajó intensamente para que cada jornada cumpliera con los objetivos trazados.
Entre todos ellos sobresalió el presidente de la FDDNY, Daniel Reyes, quien volvió a asumir personalmente la responsabilidad de llevar adelante una actividad de grandes dimensiones y convertirla en una experiencia memorable para las familias participantes.
El trabajo de Reyes y de toda la directiva recibió felicitaciones y muestras de respaldo de importantes figuras del béisbol.
Mariano Rivera, Bartolo Colón, Juan Soto, Francisco Lindor y Luis García Jr., entre otras personalidades vinculadas a las Grandes Ligas, siguieron el desarrollo de la actividad a través de diferentes plataformas digitales y expresaron su reconocimiento por la iniciativa.
También Christopher Gorayeb hizo llegar su especial felicitación por el desarrollo alcanzado.
Así concluyeron los Juegos de la Comunidad, con seis campeones, decenas de medallas, grandes copas y cientos de historias que contar.
Pero, sobre todo, concluyeron dejando un mensaje que va mucho más allá del béisbol: cuando una comunidad se une alrededor de sus niños, de sus raíces, de su cultura y de sus valores, el resultado más importante no siempre aparece en el marcador.
Esta vez, el verdadero campeonato fue celebrar la Herencia Hispana a través del deporte, abrirle las puertas a una nueva generación y demostrar que el béisbol continúa siendo uno de los grandes idiomas de unión de nuestra comunidad.








